DÉJATE LLENAR DE SU PRESENCIA...

CORPUS CHRISTI 2016 EN LA PARROQUIA DE ÍLLORA

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60 CUMPLEAÑOS DE NUESTRO PÁRROCO

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PROCESIÓN DE NTRA. MADRE DEL CARMEN DE ÍLLORA

COLONIAS 2016

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VIAJE PARROQUIAL. AGOSTO 2016

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PROCESIÓN DE NUESTRO PATRÓN SAN ROGELIO

ESCUELA DE ORACIÓN 2016

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FIESTA DE TODOS LOS SANTOS 2016

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EN LA CLAUSURA DEL AÑO DE LA MISERICORDIA JUNTO A NUESTRO ARZOBISPO D. JAVIER

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ADVIENTO 2014


Comenzamos el Tiempo de Adviento, cuatro semanas que quieren comunicarnos alegría y esperanza, porque el Señor viene, pero no como algo lejano, que no sabemos si a nosotros nos tocará vivir, sino como una realidad que sucede todos los días, que se vive todos los días, pero que hay que remarcar, hay que revitalizar, para no caer en la rutina y que ni nos demos cuenta.
El tiempo de la Iglesia va, desde lo recibido, en aquélla primera venida del Señor, en la humildad de un Niño, y lo prometido: la segunda venida del Señor en gloria, para restaurar su reino sobre toda la tierra.
Pero es que el Señor viene personalmente a cada uno, día a día, en nuestro corazón, en el corazón de las personas que conocemos.
El Señor viene cada tarde que celebramos la misa, cada domingo, que como cristianos, venimos a la Iglesia, no a cumplir una norma, sino porque tenemos la necesidad de que el Señor venga a nuestra vida, nos alimente, nos consuele, nos llene de fuerza. No se viene a misa, porque pensemos que somos más buenos que los demás, sino al contrario, porque nos reconocemos muy débiles, y venimos a la fuente de la vida y de la gracia, de la fuerza en el camino de la existencia.
Todo este tiempo de Adviento, merece la pena que pensemos en nuestra vida, en el bien que estamos haciendo, pero también y especialmente, en el mal que sin darnos cuenta, o conscientemente, procuramos a nosotros mismos y a los demás, que son nuestros hermanos.
Es un tiempo, para vivir con alegría y esperanza, a pesar del dolor más grande, a pesar de la dificultad más agobiante. El Señor está a nuestro lado, el Señor no nos abandona, por eso no debemos desesperar.
Y es un tiempo, en el que mirando a la Virgen, a los Profetas, respondamos a la llamada que el Señor nos hace, porque Cristo está a las puertas de nuestro corazón tocando, esperando que se lo abramos de par en par, aunque no siempre estamos dispuestos a escucharle, porque escucharle, implica actuar, vivir de forma distinta.

Que cada uno de nosotros, le abramos nuestra puerta, nuestra vida, nuestra alegría y nuestro dolor, para que Él nos transforme totalmente.

DE LA MANO DE MARÍA, AVANZAMOS POR EL ADVIENTO...


Con el Domingo I de Adviento, hemos iniciado la Novena a Nuestra Madre Inmaculada, que nos va a ayudar a vivir este tiempo, con las mismas actitudes María, abriéndonos a la voluntad de Dios sobre nosotros, y estando dispuestos a ser en sus manos, instrumentos de la nueva evangelización.

Cada tarde, a las seis y media, unidos en la oración ante Jesús Sacramentado, rezando el Santo Rosario y participando a las siete de la tarde de la Eucaristía, iremos avanzando por el sendero del Adviento de la mano de María.

En la Iglesia se ha levantado este altar, para honrar a Nuestra Señora, para celebrar su Concepción Inmaculada.
















MURIÓ EVANGELINO FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, UN HOMBRE SENCILLO Y CON UNA GRAN FE.


Y el trigo de Evangelino siempre ha dado muy buen fruto, y ahora, que su semilla entra en la tierra, aún va a madurar con más fuerza, porque Evangelino sobre todo ha sido un gitano cabal, honrado, de gran corazón, que siempre estuvo dispuesto a compartir una copa de amistad con quién quiso acercarse, a la sencillez de una persona, que siempre estuvo agradecido a Dios, que nunca dudó de su amor, y que su fe la expresaba con su mirada silenciosa, contemplándolo todo y observándolo todo, y con la emoción de una voz, que siempre ha querido ser consuelo para el mismo Dios, paño de lágrimas de su bendita Madre.
Fiel a sus tradiciones, católico convencido, junto a Angustias, su mujer, ha sabido llenar su casa de la vitalidad de unos hijos, de la ilusión de unos nietos, de la serenidad de los años.
     Su vida, que tampoco nunca ha sido fácil, siempre la ha llenado de una confianza muy grande en Dios, y así, cuando la enfermedad llamaba a su corazón, o cuando golpeado por la muerte, en la inocencia de un ángel casi naciendo, él siempre respondía con la conformidad en Dios, esperándolo todo de él.
     Su esposa y sus hijos son todo para él, y junto a ellos ha vivido tanto los momentos buenos, como esos difíciles que ponen a prueba el corazón humano.
     Su casa es un hogar sin puertas, dónde nunca falta el pan, dónde nunca falta un plato sencillo de comida para hijos, nietos, y quién a él se llegara en busca de ayuda.
     Verle por la plaza, siempre entre amigos, o lo que era más habitual, verle junto a Angustias, paseando, tomándose algo, como unos eternos enamorados, te descubría lo más auténtico de esta persona, que en la familia, en la vida, veía la mano de Dios que no le abandonaba.

     Voz de la fe, de las alegrías, de las tristezas, su cante quedará resonando para siempre por el cementerio viejo, por toda la Fuente Apolo, y en la Plaza junto a nuestro Templo, en dónde él oró cantando, tantas veces, y con tanta emoción.
     Si había algo que temía en la vida, era tener que estar en una cama enfermo, y todos pendientes de él.
     Y aunque su partida nos ha dejado desconcertados, pareciera que hasta en eso le ha escuchado Dios, y sin esperarlo, comenzara a caminar este gitano bueno, que tanta huella va a dejar en la vida de nuestro pueblo.

     Somos creyentes, y lo que estamos seguros, es que Evangelino que cerró sus ojos en esta vida, ya estará caminando entre las nubes del cielo, por esas moradas de Dios, que tiene preparadas, para las personas que como él, han dado un buen fruto en sus vidas.
     Hoy reconocemos tanto bueno como nos ha ofrecido a todos Evangelino, y pedimos por su familia, por su esposa y por sus hijos, que en medio de estos momentos difíciles, el recuerdo de él, la fe en Dios, les llene de consuelo, y de la esperanza, de que un día, cuando Dios quiera, nos volveremos a reunir, para seguir compartiendo, lo que ahora se ha quedado un poco roto.
     No debes de temer nada Evangelino, vas al encuentro de un Padre, que nos ama con locura.

     Descansa en paz, y reza siempre por nosotros, a ese buen Dios, que es Padre todos.